martes, 22 de marzo de 2011

Ensayo sobre Marcus Garvey: La Encarnación de un Nuevo Negro

Marcus Garvey


Escrito por el Dr. Dinizulu Gene Tinnie Escritor e Investigador Independiente sobre Historia Africana

Históricamente, la raza humana ha producido individuos extraordinarios, nacidos bajo las circunstancias propicias, en el momento y lugar exactos, y poseídos de los atributos físicos, mentales y espirituales necesarios para convertirse en leyendas o catalizadores del cambio histórico. Unos fueron filósofos y líderes religiosos, otros han dirigido revoluciones sociales, algunos han sido capitanes de industria, otros resultaron artistas sumamente talentosos. Nos han servido de ejemplo todos, y recordarlos, aun mucho después de su muerte, nos sigue inspirando, otorgando poder y retándonos a ser mejores. Uno de esos individuos –Marcus Garvey–, un hijo del Caribe que encarnó alguna de las antedichas categorías, se convirtió en una de las personas más influyentes de toda la historia aun más allá del alcance de sus políticas y acciones más conocidas.


Marcus Garvey, nacido en St. Ann’s Bay, Jamaica, el 17 de agosto de 1887, ascendió de aprendiz en una imprenta (un puesto humilde, pero digno), después de abandonar sus estudios a los catorce años, a líder de una de las organizaciones más grandes y poderosas de la historia, con más de 20 millones de miembros en 21 países, incluyendo los Estados Unidos, Canadá, las Antillas, Centro y Sur América, y África. Ya desde joven, mostró un gran interés por los movimientos anticoloniales y nacionalistas negros, inspirándose en los preceptos y el ejemplo del estadounidense Booker T. Washington, que subrayaba la importancia de aprender oficios prácticos y estableció el Instituto Tuskeegee, en Alabama. Le fue útil a Garvey su oficio de impresor cuando en 1913 se mudó a Inglaterra, después de vivir en Centroamérica. Allí contribuyó a la publicación de una revista panafricana muy exitosa, lo cual le permitió cristalizar sus ideas sobre los problemas y el destino común de los pueblos africanos, y la falta de autosuficiencia y autodeterminación que sufrían.


Al regresar a Jamaica, Garvey funda la Universal Negro Improvement Association (UNIA) [Asociación Universal para el Progreso del Negro], pero no fue hasta que se radicó en el famoso distrito neoyorquino de Harlem, en 1916, que sus brillantes ideas y carismático liderazgo se dieron a conocer a un público realmente receptivo. En Harlem convergieron numerosas, y potentes, fuerzas, que lanzarían la UNIA a la prominencia internacional —entre ellas el hecho de que Garvey era el verdadero producto de una época industrial que sólo fue posible a costa de siglos de trata esclavista y colonialismo, de las enormes ganancias que ello generó en Europa y Estados Unidos. Además, esta industrialización es la causa de la segunda oleada de emigración negra, que, a diferencia de la dispersión ocurrida en siglos anteriores, empezó a unificar a la gente a través de una conciencia compartida. Al igual que el joven Garvey, por ejemplo, que abandonó Jamaica para buscar trabajo en Costa Rica y otros lugares antes de ir a Inglaterra, muchos jamaiquinos fueron reclutados para trabajar en la construcción del canal estadounidense en Panamá, y la gente de las colonias africanas de Gran Bretaña empezó a viajar a Inglaterra en busca de mejores oportunidades.


Al llegar a Estados Unidos, Garvey advirtió que, tras la promesa de empleos y oportunidades en el norte industrial, la Gran Migración impulsó a muchísimas familias afroamericanas a emigrar y abandonar la pobreza devastadora del sur rural. Así fue que mucha gente que jamás se hubiera conocido de otra manera, se reunió en la nueva Meca, donde comenzó a entender cuánto había de común en sus experiencias. Algo parecido ocurrió con los soldados negros de varios estados del país que se vieron obligados a hacer servicio militar ultramarino durante la Primera Guerra Mundial. Tan virulento era el racismo en el ejército de Estados Unidos, que a muchos de estos soldados no se les permitió llevar uniforme estadounidense, sino francés. Allí los afroamericanos establecieron conexión con soldados negros de las colonias francesas en África; entonces ellos también comenzaron a ver más claramente la crítica situación de los negros a escala mundial.


Esta conciencia de las necesidades del mundo africano creció aún más cuando regresaron a casa, después de luchar por la democracia de otros, y encontraron que su propio país no sólo les negaba la igualdad, sino que hasta los linchaba por la trivialidad de llevar sus uniformes en público (la administración abiertamente racista del presidente Woodrow Wilson incluso había implementado un programa de segregación del tipo sureño en los sitios públicos de la capital, Washington, D.C.). La creciente competencia por empleos sirvió para exacerbar los ánimos, lo cual condujo a los sangrientos “motines raciales” y al “Verano Rojo”de 1919. Al enfrentar tales adversidades, Marcus Garvey se convirtió en la encarnación del “Nuevo Negro”. “El Nuevo Negro no tiene temor” fue un lema popular a finales del siglo XIX, después del fallo del Tribunal Supremo estadounidense (en 1896) que permitió la segregación racial, lo cual animó a los racistas sureños a alardear de que, a pesar de haber perdido la Guerra Civil, habían “ganado la guerra contra el negro”, y que W.E.B. DuBois dijera que “el problema del siglo XX es el problema de la línea de color”.


El infatigable Garvey, con su astucia y carisma, dio una inusitada voz y una nueva dirección al nivel de conciencia colectiva de los negros —tanto que jamás ha sido superior. Sin poder valerse del teléfono, la radio, la televisión o Internet, Garvey y su mensaje alcanzaron una resonante recepción entre millones de personas negras de todo el mundo. Por medio de la UNIA, los negros se permitieron realmente creer en y comprometerse con los ideales de la autodeterminacióny la autosuficiencia en la vida profesional, los oficios, la gobernación e incluso la defensa militar. Pero tales logros tenían un precio. Garvey y la UNIA atrajeron la atención del Federal Bureau of Investigation (FBI), donde el joven y conocido racista J. Edgar Hoover asumió la orden de vigilar las actividades del grupo y buscar maneras de subvertirlo. Sin embargo, no toda la oposición a Garvey venía de racistas blancos. Entre los primeros enemigos de Garvey y su programa nacionalista y aparentemente separatista estuvo el mismo W.E.B. DuBois, que, junto con otros, luchaba por la plena integración del negro a la sociedad estadounidense (fue controvertido hasta el que Garvey hubiera escogido la palabra “negro” en vez de “de color” para nombrar a su organización). Muchos de sus opositores también trataron de alentar aún más las divisiones que existían entre los negros estadounidenses y los que, como Garvey, emigraron de las Antillas. No obstante, las dificultades de la UNIA no eran únicamente externas. Tuvo sus propios problemas, entre ellos que algunos de los líderes en los puestos de mayor responsabilidad fueron honestos pero no suficientemente competentes, o hacían mejor el papel de oportunistas que de constructores de una nación, y se habían ganado una confianza que no merecían.


Finalmente, prevalecieron las fuerzas negativas y a Garvey lo condenaron por un cargo falso de fraude postal, relacionado con la venta de acciones para el mayor proyecto de la UNIA —la línea de vapores Black Star. Garvey cumplió sólo tres de los cinco años a los que lo sentenciaron en 1922, pero lo deportaron a Jamaica. Ya allí reanudó su vida pública a escala menor, para luego regresar a Londres, donde siguió publicando Black Man [Hombre Negro]. Tras sufrir una apoplejía, murió el 10 de junio de 1940. Aunque hoy es casi imposible captar la importancia y el carisma de Marcus Garvey y la UNIA, se puede rescatar algo de su presencia en nuestras vidas al repasar su legado. Apenas existen grandes organizaciones nacionalistas negras y caribeñas en el siglo XX que no deban sus raíces a la labor de Marcus Garvey, incluso la Nación del Islam, el Templo Moro de la Ciencia y el Movimiento Rastafari. Uno de sus legados más importantes se celebra este año: el 50 aniversario de la independencia de Ghana, liderada por Kwame Nkrumah en 1957.


Como joven estudiante de la Lincoln University, en los Estados Unidos, Nkrumah estuvo expuesto a la influencia de Garvey y sus principios sobre la autodeterminación y el panafricanismo, los cuales adoptó al encabezar la primera lucha de independencia de una ex colonia subsahariana. La estrella negra en la bandera de Ghana es un tributo directo al movimiento de Garvey. Es extremadamente irónico que W.E.B. DuBois, que tanto criticó y se opuso a Garvey, luego haya repudiado todo lo que dijo hasta terminar radicándose en Ghana, donde pasó sus últimos días y ahora está enterrado con honores.

El mismo Marcus Garvey está enterrado en el Heroes’Park [Parque de los Héroes], en Kingston, Jamaica, donde se le declaró héroe nacional y se le concedió el honor más alto del país, la Orden del Mérito. En Estados Unidos, donde tuvo su mayor impacto, miembros del Congressional Black Caucus [la Cámara de Congresistas Afroamericanos] han presentado proyectos de ley por varios años para demostrar la inocencia de Garvey, rescatar su nombre y conseguirle un indulto póstumo a causa de la naturaleza espuria de su condena.